En el complejo y sensible proceso de rehabilitación de las adicciones, la figura de la enfermería desempeña un papel esencial que va mucho más allá
del cuidado clínico. Las enfermeras y enfermeros no solo administran tratamientos o supervisan la evolución física de las personas en recuperación, sino que se convierten en pilares emocionales, acompañantes cotidianos y referentes de estabilidad dentro de un entorno que exige empatía, constancia y profundo compromiso humano.
En este contexto, Dolores Portela representa a la perfección esta dimensión integral del cuidado. Enfermera del Instituto Castelao en Oleiros desde su fundación, con más de quince años de experiencia dedicada exclusivamente al ámbito de las adicciones, Dolores se ha convertido en una figura clave del centro. Su trabajo trasciende las paredes de la enfermería tradicional, participando activamente en un enfoque interdisciplinario que busca no solo la abstinencia, sino la verdadera transformación de las personas. Esta entrevista es un retrato íntimo de su labor, su vocación y su mirada humana sobre una de las problemáticas más complejas de nuestra sociedad.
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Adicciones y conciencia: el primer paso invisible
Dolores Portela, enfermera del Instituto Castelao en Oleiros, lo tiene claro: la recuperación de una adicción comienza mucho antes de que el paciente ponga un pie en la clínica. Comienza con un acto interno, íntimo y tremendamente difícil: tomar conciencia del problema. «Este tratamiento no es para quien lo necesita, es para quien lo quiere», recalca. Para ella, esa especie de clic mental, que a menudo viene precedido de un punto en la que se toca fondo, permite asumir que el consumo de sustancias ha traspasado la frontera del ocio para convertirse en un problema.
Y aunque lo diga con voz serena, sabe que llegar a ese punto no es fácil. Algunos pacientes entran al centro aun sin haberlo hecho. Otros lo hacen solo después de haber tocado fondo. Y mientras tanto, Dolores y su equipo están ahí, esperando, cuidando, sin forzar, pero sin rendirse. «Muchas veces tenemos que soltar riendas porque no podemos ir más allá si una persona no quiere tratarse.»
Enfermería en adicciones: ¿cómo afecta?
Dolores define su trabajo como un cuidado integral que va mucho más allá de administrar medicación. Sí, hay tareas clínicas evidentes: controlar tratamientos, gestionar citas médicas, actualizar recetas, coordinarse con el psiquiatra… Pero hay también una dimensión profundamente humana que se cuela en cada acompañamiento, en cada conversación, en cada rato compartido con los pacientes.
«Hoy mismo acompañé a un paciente al centro de especialidades para revisar la vista y a otro al centro de salud para una gestión con una trabajadora social», nos cuenta. Son gestos que pueden parecer secundarios, pero en realidad forman parte del tejido que sostiene a la persona durante su proceso terapéutico.
Con más de 15 años vinculada al Instituto Castelao, ha visto cómo ha evolucionado el enfoque del centro. «Antes era un centro de día; ahora ofrecemos atención 24 horas. Estamos más cerca de los pacientes, más implicados», comenta. Y esa implicación es emocional. Porque no es fácil ver cómo alguien recae o abandona. Pero también está la otra cara: «Lo mejor de mi trabajo es verlos evolucionar, verlos salir por la puerta con otra luz, con otra vida».
La gestión del síndrome de abstinencia: entre ciencia y sensibilidad
Uno de los momentos más críticos para cualquier paciente es el de la desintoxicación. El miedo a atravesar el síndrome de abstinencia puede ser una barrera muy difícil de superar. Dolores lo sabe, y por eso contribuye a eliminar este prejuicio: «Hoy en día hay fármacos que permiten pasar esa etapa de forma muy llevadera. Estamos preparados para que el paciente no sufra.»
Ella, junto al psiquiatra y el resto del equipo, se encarga de ajustar los tratamientos y adaptarlos a cada caso. Porque como dice, no hay dos pacientes iguales. «Es como con el dolor: cada uno tiene una sensibilidad distinta.» Aquí, el conocimiento clínico se combina con la escucha y la observación. La enfermería se convierte así en una mezcla precisa de ciencia, paciencia y humanidad.
El trabajo en equipo: comunicación, cercanía y confianza
Una de las claves del funcionamiento del Instituto Castelao es la coordinación entre profesionales. Dolores destaca que la comunicación entre terapeutas, psiquiatras, trabajadores sociales y enfermería es constante. «Nos contamos todo, todos los días. Hay muy pocas cosas que se nos escapen.»
Este enfoque interdisciplinar es el que permite que las necesidades médicas y emocionales del paciente se aborden de forma equilibrada. Cada profesional tiene su ámbito, pero todos trabajan con un mismo objetivo: cuidar a la persona. «Queremos dar una atención lo más personalizada posible, así que muchas veces nos pisamos el terreno. Pero en el mejor sentido.»
Vocación y desgaste emocional: lo que no se enseña en la carrera
Ejercer la enfermería en el ámbito de las adicciones requiere más que conocimientos técnicos. Requiere una doble vocación. «Aquí no basta con que te guste la parte médica; tienes que tener mucha paciencia, estabilidad emocional, y saber cuidarte para poder cuidar a los demás», afirma.
No es un trabajo fácil. Hay días duros. Hay recaídas. Hay frustración. Pero también hay recompensas que no se compran. Dolores recuerda con emoción a un paciente que volvió a visitarlos para contar que llevaba seis años limpio. «Eso es lo mejor que te puede pasar», dice, con una mezcla de orgullo y humildad.
Del aislamiento a la integración con el método Castelao
Una de las fortalezas del Instituto Castelao es su modelo de transición progresiva hacia la reintegración social. Dolores lo explica con claridad: «Aquí no tenemos a los pacientes en una burbuja. Desde que se puede, se les empieza a reintegrar: primero con visitas a casa los fines de semana y luego retomando el trabajo si lo tienen.»
Este enfoque permite que los pacientes afronten acompañados las dificultades reales de la vida cotidiana. «Queremos protegerlos, pero también que no estén aislados. También por eso las familias participan en la terapia. Aquí se trabaja con el entorno, no solo con la personas.
El estigma es, para Dolores, una de las barreras más persistentes. «Todavía hay rechazo. Se sigue asociando la adicción con marginalidad o la delincuencia. Pero cuando conoces a las personas te das cuenta de que son gente muy agradecida, muy valiente.»
Ella misma confiesa que en sus inicios también tenía prejuicios. Pero la experiencia le enseñó que las adicciones atraviesan todos los perfiles sociales. «Todos los días nos cruzamos con personas adictas sin saberlo», asegura. Combatir ese estigma pasa por la información, por la empatía y por visibilizar historias reales como las que vive cada día en su trabajo.
Formación y adaptación constante como claves para un futuro esperanzador
Dolores se reconoce como parte de un engranaje donde cada profesional aporta su experiencia. «Tengo la suerte de estar rodeada de gente muy bien formada. Guillermo, nuestro psiquiatra, está al día de todo y me transmite la información.»
Ese flujo constante de conocimiento permite estar al tanto de nuevas herramientas, tratamientos y enfoques. Porque el campo de las adicciones, como ella subraya, está en movimiento constante. Y más ahora, tras el impacto de la pandemia.
Adicciones y salud mental: un binomio que exige recursos
Para Dolores, la relación entre salud mental y adicciones es innegable. «Muchos pacientes nos dicen que no tenían problemas hasta el confinamiento por el COVID.» Recuperando el término anteriormente mencionado, para muchas personas la pandemia constituyó ese momento en el cual tocaron fondo, mientras que para otros fue el detonante para la aparición de un trastorno o de una adicción.
Pero no todo son palabras amables. Dolores critica que no haya suficientes recursos públicos para atender estos casos, especialmente los de patología dual. «Hay un vacío importante. Muchas familias vienen aquí pidiendo ayuda para situaciones que van más allá de una adicción, y no tienen cobertura en la sanidad pública.»
Desde su posición reivindica más inversión, más centros, más profesionales formados. Y una sociedad más abierta que deje de mirar hacia otro lado.
Una mirada empática, una enfermería con alma
Dolores Portela no es solo una enfermera. Es testigo, acompañante y, en muchos casos, motor silencioso del proceso de recuperación de muchas personas. Su relato desborda humanidad, profesionalidad y compromiso. Su historia es también la de muchos profesionales anónimos que sostienen con sus manos, su conocimiento y su cercanía, en uno de los procesos más complejos y valientes que existen: el de reconstruirse tras una adicción.
Su experiencia nos recuerda que detrás de cada historia de recuperación hay un equipo humano imprescindible. Si tú o alguien cercano está atravesando una situación similar, no dudes en pedir ayuda. Acudir a un centro especializado como el Instituto Castelao puede marcar la diferencia entre el dolor silencioso y el comienzo de una nueva vida. Esta decisión, aunque difícil, puede convertirse en la más importante.
