Adicciones comportamentales

Adicciones comportamentales

Las adicciones están a la orden del día. Y no todas se reducen a una dependencia a sustancias químicas; que es lo primero que viene a la mente cuando hablamos de adicciones. También existen adicciones a otros estímulos, como a mantener relaciones o a mantener comportamientos compulsivos que nos perjudican. En esta ocasión, vamos a conocer un poco más de estas últimas: las adicciones comportamentales.

QUÉ SON LAS ADICCIONES COMPORTAMENTALES

Las también llamadas socioadicciones o adicciones sin droga son un reflejo de nuestro tiempo. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) un cuarto de la población padece algún tipo de trastorno de conducta incontrolada vinculado a las adicciones sociales.

En efecto, un comportamiento se vuelve hábito cuando se repite continuamente o forma parte de nuestro día a día. Y éste se torna una adicción cuando la conducta domina la vida del individuo y éste es incapaz de controlarla o erradicarla; a pesar de los daños que genera para él. Así pues, lo que diferencia un hábito de una adicción, es la obsesión o la compulsión que reviste el comportamiento. El tiempo, la frecuencia, la intensidad y dinero que invierte la persona en mantener un comportamiento insano, es la clave en este fenómeno. Como también lo es la ansiedad que se sufre cuando se interrumpe la acción. En resumidas cuentas, el adicto no puede parar de consumir o de realizar el tipo de conducta a la que es adicto de forma compulsiva.

[su_highlight background=»#e1f9fc» color=»#0083b5″]Entonces, el comportamiento se transforma en una enfermedad que altera la vida del consumidor a todos los niveles: personal, familiar, social, laboral y económico[/su_highlight]. Enfermedad, por lo demás, que el resto de la sociedad interpreta como mero vicio. Mientras que para el adicto supone un abismo sin fondo, que lo aísla cada vez más; que lo lleva a cometer comportamientos de los cuales se arrepiente después, pero que es incapaz de cesar.

Detrás de una adicción comportamental suele haber un cuadro personal de depresión, ansiedad o de baja autoestima; con escasos recursos para el manejo de la vida diaria, la regulación emocional y las habilidades sociales. Sin embargo, no está claro si un estado depresivo-ansioso lleva a una adicción comportamental o viceversa.

ADICCIONES COMPORTAMENTALES MÁS COMUNES

JUEGO PATOLÓGICO O LUDOPATÍA

La ludopatía es el ejemplo clásico de una conducta de juego adictiva. Si bien, en la actualidad se ha reinventado el perfil de este tipo de adicción; debido a las casas de apuestas en línea y a su notable presencia en las ciudades. Lo cual supone un riesgo social para muchos jóvenes.

Las personas empiezan a utilizar las máquinas tragaperras o las apuestas online de forma casual e inofensivas, para ir aumentando gradualmente sus cantidades de dinero. La expectativa de conseguir algún premio económico es inherente a los usuarios, que terminan generando una dependencia muy agresiva de esta actividad.

Las pérdidas económicas y el endeudamiento de los adictos son cuantiosos. Y su adicción repercute en todas las esferas de su vida: familiar, social, laboral, etc.

ADICCIÓN A LAS COMPRAS

Se trata de una socioadicción muy usual a día de hoy. Propia de personas con grandes carencias emocionales y con una preocupación excesiva por la ostentación y la imagen. Sus mayores consecuencias son, obviamente, económicas. Estos adictos suelen acumular grandes deudas y a abarrotar sus espacios físicos con toda clase de objetos que apenas utilizan.

  Adicción. Enfermedad

ADICCIÓN AL TRABAJO O LABORADICCIÓN

Esta adicción comportamental rige la rutina de las personas que viven solo para trabajar; haciendo de su empleo una obsesión y una válvula de escape para no lidiar con la vida afectiva o social.

La laboradicción se da en personas altamente competitivas, controladoras, que necesitan ser productivas para sentirse valoradas. Las peores consecuencias de esta adicción se vislumbran en la salud física del individuo: extenuación, riesgos de infartos, migrañas, etc. Y es habitual que en épocas festivas se rehúsen a dejar de trabajar o, de hacerlo,su carácter se altere negativamente.

Desde las últimas décadas del siglo pasado esta adicción social se compatibiliza en ocasiones con la adicción a las drogas. Así, éstas funcionan como dopaje para aguantar las largas horas de trabajo.

Adicciones comportamentales

ADICCIONES A LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

Dentro de ellas se incluye la adicción al uso constante del teléfono móvil, a las redes sociales, a los selfies, etc. Suponen un modo de aislarse de la vida real; así como de llamar la atención y sentir valoración a través de las interacciones que reciben de otros usuarios. La dependencia a las nuevas tecnologías provoca tanto consecuencias físicas (problemas de postura corporal, cansancio de vista y síndrome del túnel carpiano); como psicológicas (agotamiento mental, falta de concentración, tendencia al narcisismo, a la ficción, etc.).

Además de suponer un gasto económico importante para el usuario y un riesgo de abandono de las actividades sociales reales. Un ejemplo extremo de esta socioadicción es el síndrome de hikikomori: personas que se recluyen en su casa o su habitación porque están enganchadas a internet.

ADICCIONES CORPORALES

Dentro de esta clasificación se hallan: la adicción a la comida, la vigorexia (o adicción al ejercicio físico) y la adicción al sexo; entre otras. Cada una de ellas posee rasgos propios en cuanto a sintomatologías, consecuencias, perfil de usuarios y tratamientos. No obstante, todas aluden a adicciones comportamentales que tienen al cuerpo físico como protagonista.

Son difíciles de detectar a simple vista. Los adictos tratan de tapar sus emociones a través de la acción física: tener sexo, entrenar la musculatura o comer compulsivamente. Estas conductas disfuncionales aparecen en personas con estados depresivos o ansiosos y de baja autoestima; que buscan reforzar su sensación de recompensa por medio de la liberación de dopamina y endorfinas, sustancias que estimulan la euforia y el placer.

Por tanto, existe un gran abanico de patrones adictivos comportamentales. No obstante, lo que converge en todas ellas es la disfunción que generan en la vida cotidiana, creando todo un escenario de malestar anímico que lo domina.

Dicho malestar se vivencia cuando están en situaciones donde no pueden desarrollar su adicción; cuando se sienten mal consigo mismos por no alcanzar los objetivos autoimpuestos; cuando los adictos perciben que está haciendo algo incorrecto y ello les genera sentimiento de culpa o vergüenza; o cuando se sienten juzgados por el entorno social que no comparte ni entiende su necesidad ni sus comportamientos compulsivos.

LAS CONSECUENCIAS DE LAS ADICCIONES COMPORTAMENTALES

Visto que el espectro de adicciones sociales es numeroso, y que siempre ha de tenerse en consideración las características propias de los sujetos; resulta muy complicado especificar las consecuencias que traen consigo estos comportamientos enfermizos. Con todo, en líneas generales, puede señalarse que estas conductas disfuncionales fomentan:

  • Aislamiento social para desarrollar más cómodamente la conducta adictiva.
  • Inestabilidad emocional: irritabilidad, euforia, ataques de ansiedad, impulsividad, etc.
  • Descenso de la autoestima y del autoconcepto. La falta de autoestima tiene gran influencia en la adquisición de una socioadicción. Sin embargo, el comportamiento adictivo implica un cúmulo de acciones que avergüenzan al individuo. Por ejemplo: reconocer su trastorno, mentir, robar, no sentirse perfecto, etc. Todo lo cual genera sentimiento de culpa y disminución de su estima.
  • Alteraciones del comportamiento habitual. Desde mentir para ocultar la adicción hasta realizar acciones irresponsables y desleales.
  • Deterioro físico y alteraciones del sueño.
  • Deterioro intelectual y falta de concentración. La atención y la energía se enfocan solo en llevar a cabo su comportamiento adictivo.
  • Bajo rendimiento laboral / académico y de interacciones sociales.
  • Inestabilidad económica. Motivada por endeudamientos, absentismo laboral, o la incapacidad para mantener un empleo por falta de vigor, voluntad, responsabilidad, etc.
  • Problemas familiares y sociales debido a todas las consecuencias anteriores que repercuten en la vida familiar o social del individuo. De hecho, las personas más próximas de su entorno suelen ser quienes dan la voz de alarma y quienes convenzan u obliguen al adicto a iniciar un tratamiento de recuperación.
  Adicciones sin drogas

Adicciones comportamentales

CARACTERÍSTICAS DE LAS ADICCIONES COMPORTAMENTALES Y EL PARALELISMO CON LAS DROGADICCIONES

La adicción, del tipo que sea, produce trastornos personales y psicosociales; así como alteraciones permanentes en los circuitos cerebrales de motivación o recompensa. Esto hace que la persona adicta a un patrón de comportamiento pierda control sobre su conducta (su voluntad), su toma de decisiones y la gestión eficaz del estrés.

La evolución de estas conductas adictivas es similar a la de cualquier dependencia a sustancias químicas. Así, cuando el adicto a determinadas situaciones repite su conducta adictiva siente un subidón de dopamina; similar al que experimenta un drogodependiente cuando consume una nueva dosis.

[su_highlight background=»#e1f9fc» color=»#0083b5″]Recordemos que la dopamina es un neurotransmisor vital para la supervivencia. Por tanto, si una conducta activa la liberación de dopamina en el circuito cerebral, el organismo la interpreta como una conducta necesaria para sobrevivir[/su_highlight]. De ahí surge la dependencia a la reiteración de la actividad por parte del individuo. Es decir, con el paso del tiempo, provoca una sensibilización por el deseo de volver a repetir su comportamiento, que crece de manera gradual.

Finalmente, la persona se da cuenta que está enferma, cuando al intentar abandonar su conducta, aparece toda una sintomatología de malestar e irritabilidad. Entonces, para calmar este síndrome de abstinencia, recae otra vez en la realización de su comportamiento perjudicial. En fin, el círculo vicioso de toda dependencia donde el consumo o la repetición se acomete más para evitar el malestar que para encontrar placer.

Al igual que sucede con las drogas, un comportamiento prolongado y abusivo termina modificando las funciones cerebrales. Esta dinámica se refleja en el sometimiento de los pensamientos, las acciones y la voluntad del usuario a su adicción.

FASES DE LAS ADICCIONES COMPORTAMENTALES

En suma, las adicciones comportamentales repiten los mismos esquemas que las drogadicciones, a saber:

  • Incapacidad de detener la acción compulsiva, a pesar de sus consecuencias adversas.
  • La tolerancia que genera en el organismo, que los torna vulnerables ante el estímulo protagonista de su adicción. Esto es: la persona precisa volver a repetir su comportamiento para sentirse bien. Y, así, su adicción se convierte en el centro de su atención, en su necesidad más imperiosa.
  • El síndrome de abstinencia que aparece cuando el adicto interrumpe su actividad adictiva.
  • Las recaídas, que en las socioadicciones son más proclives que con las sustancias químicas, si cabe. Esto se debe no sólo a su necesidad propia de volver al patrón adictivo para evitar el síndrome de abstinencia; sino a que muchas de las actividades sociales como la comida, el trabajo, las compras, etc. forman parte de la vida diaria.
  Definición de adicción

Este último punto es muy interesante de resaltar; ya que supone una gran diferencia entre algunas drogodependencias y las adicciones comportamentales.

Efectivamente, acciones como ir a trabajar, la compra compulsiva, utilizar internet, alimentarse, son actividades básicas u obligatorias de la vida cotidiana. Por ende, para el ex adicto resulta casi imposible sustraerse o alejarse totalmente a ellas.

Asimismo, muchas adicciones centradas en el cuerpo y la apariencia física, como la vigorexia o los trastornos alimenticios; como también el consumo excesivo de mercancía innecesaria o el ser laboradicto, son comportamientos incentivados por la sociedad.

Entonces, ¿hasta qué punto a una persona ex adicta a una sociadicción le resulta relativamente posible abandonar sus hábitos dañinos?

¿Hasta qué punto le supone cierta facilidad alejarse de estos contextos nefastamente tentadores?

CONCLUSIÓN

La problemática que entrañan las adicciones comportamentales ha tomado relevancia social y profesional en los últimos años; quizá motivado por el auge de las nuevas tecnologías y los cambios comportamentales que trajeron consigo. Con todo, no siempre estamos concienciados sobre la enfermedad que hay detrás de una conducta adictiva.

Además, ha de tenerse en cuenta que la propia sociedad, así como sus preceptos comerciales incitan a realizar actividades de forma impulsiva; como un medio para llenar nuestra vida personal de sentido e ilusiones.

Realizar apuestas, invertir en nuestra imagen, sexualizar nuestra vida, adquirir objetos para sentirnos mejores; vivir una vida alternativa virtual, etc. Son una pequeña muestra de las tendencias psicológicas, con ánimo lucrativo, que imperan en el mundo moderno; y que impele a los individuos a adoptarlas como una necesidad. Del uso y el abuso de estos recursos materiales a la asunción de una adicción no hay mucha distancia.

Finalmente, otra de las características que posee las adicciones comportamentales y que las vincula estrechamente con las drogodependencias es la necesidad de solicitar ayuda profesional.

En efecto, si la persona adicta desea liberarse del yugo de su socioadicción, deberá iniciar un tratamiento profesional basado en recursos psicoterapéuticos. Porque detrás de la caída en una adicción, hay una situación de desregulación emocional que no se ha querido lidiar con responsabilidad e inteligencia emocional. Pues es un hecho constatado que las adicciones funcionan como un mecanismo de defensa que elegimos para no sufrir. Y, sin embargo, dicha actitud defensiva termina por enfermarnos.

No obstante, pedir ayuda profesional supone una oportunidad para rehabilitarnos y reeducarnos psicoemocionalmente, a través del cambio conductual positivo. Esto se logra modificando las conductas perjudiciales; trabajando las neuroasociaciones que establecemos con el estímulo adictivo; y aplicando terapias como mindfullness, para regular los impulsos emocionales que llevan a la adicción.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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