La ketamina ha demostrado su utilidad en el tratamiento de diversas enfermedades desde que se sintetizara por primera vez en los años 60 del siglo pasado. Sin embargo, un hecho reciente quedará para siempre ligado a su historia. Y es que este potente medicamento fue la causa de la muerte de Mathew Perry, el querido Chandler de la serie Friends. Este evento resalta el filo cortante entre el beneficio y el peligro de los medicamentos, incluso cuando estos han sido prescritos por especialistas. Este caso pone de manifiesto cómo sustancias originalmente destinadas a sanar pueden, sin la supervisión adecuada, abrir la puerta a consecuencias devastadoras. La dualidad de la ketamina como medicamento y como agente de destrucción subraya un mensaje crucial: la importancia del uso controlado y supervisado por profesionales de la salud. Este delicado equilibrio entre cura y perjuicio nos insta a una reflexión profunda sobre el papel de la medicación en nuestra sociedad y la necesidad de un manejo responsable.
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Historia de la ketamina
Para conocer la historia de este medicamento tenemos que remontarnos más de 60 años, hasta el Detroit de los años 50. Allí, un grupo de científicos de la Universidad Estatal de Wayne empezaron a sintetizar diversos anestésicos que recibieron el nombre de ciclohexilaminas. Entre ellos se encontraba la ketamina, compuesto identificado por el profesor de química Calvin Lee Stevens, quien era asimismo consultor de la farmacéutica Parke-Davis.

Tras los buenos resultados que mostraron los primeros experimentos, realizados con animales, tuvieron lugar las pruebas con humanos. Por chocante que resulte mirado con los ojos de nuestros días, estos se probaron con prisioneros, y arrojaron asimismo esperanzadores resultados. Y es que la ketamina era preferible como anestésico a la fenciclidina, otro de los medicamentos sintetizados por los científicos de la universidad. No solo porque era de rápida acción, sino que presentaba los mismos efectos positivos que esta sin mostrar los efectos negativos, tales como la psicosis o la agitación intensa. Sin embargo, algunos de los pacientes a los que se les administró el fármaco, reconocieron experimentar alucinaciones vívidas, así como tener la sensación de estar muertos o de no tener brazos ni piernas. No es de extrañar, por tanto, que a la larga fueran descubiertos los efectos alucinógenos de la ketamina entre los pacientes que salían de la anestesia inducida por este fármaco.
Una vez fue aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), se popularizó al administrarse masivamente a los soldados heridos en la guerra de Vietnam.
Uso clínico de la ketamina
El uso más comúnmente extendido de la ketamina es como anestésico quirúrgico. Se suministra a la población general, incluso a niños y a personas de edad avanzada. Otro de los usos frecuentes de la ketamina, administrada en este caso por vía oral, es el del tratamiento del dolor crónico, especialmente en casos de dolor neuropático, de dolor oncológico refractario, en el síndrome doloroso regional complejo (SDRC) y en situaciones donde otros analgésicos no han demostrado su efectividad. Asimismo puede ser útil para pacientes tratados con opioides, ya que permite disminuir la dosis de los mismos. Así y todo, existen reservas acerca de su utilización.
Por todo esto es necesario elaborar un historial detallado del paciente, el cual permite analizar tanto los riesgos como los beneficios que su uso entraña. Solo así se podrá tomar una decisión adecuada con respecto a su prescripción.

La ketamina en el tratamiento de la depresión crónica
Recientemente fue publicado un estudio llevado a cabo por el Instituto Black Dog, en Randwick, y la Universidad de Sidney, ambos en Australia. El esfuerzo de ambas instituciones, así como de otros organismos académicos de Australia y Nueva Zelanda que estudian los estados de ánimo, ha alumbrado reveladores avances sobre el uso que la ketamina en pacientes con depresión crónica.
Dentro de los 179 pacientes sometidos al experimento, todos ellos resistentes a tratamientos con antidepresivos, con terapia verbal e incluso con terapia electroconvulsiva (TEC), se obtuvieron los siguientes resultados:
- Un tercio experimentó una mejoría de los síntomas.
- Un 20% de los mismos se benefició de la desaparición de todos los síntomas tras dos administraciones del medicamento por vía intravenosa.
- Tan solo un 2% de los objetos de estudio a los cuales se les administró el placebo declararon haber dejado de sufrir los síntomas.
El experimento tuvo una duración de un mes, y la administración tanto de la ketamina como del placebo se produjo a través de inyecciones por vía subcutánea.
Esto supone un gran avance con respecto a otros ensayos clínicos previos. En estos, para el placebo se había utilizado una solución salina. En este estudio reciente, sin embargo, el placebo era un sedante que se suele administrar a pacientes que a los cuales se les va a someter a una anestesia general. De este modo, todos los individuos experimentaban cierto mareo, sin que ninguno de ellos supiera, ni tampoco los investigadores, qué había recibido. Esto garantizaba una ausencia de sesgos de carácter psicológico.

Vías de administración
Dependiendo de la administración, los efectos de la ketamina, tanto positivos como negativos, pueden variar:
- Vía oral. La más extendida y administrada para tratamientos crónicos, la vía oral constituye una buena opción para evitar efectos secundarios negativos. Los efectos analgésicos pueden durar varias semanas tras la interrupción del tratamiento. Por esta razón, es posible interrumpir la administración cuando se alcanza la remisión del dolor.
- Vía sublingual. Ha demostrado su efectividad para manejar el dolor repentino en pacientes con cáncer que no responden al tratamiento con opioides tomados por vía oral o intravenosa.
- Vía subcutánea. Asociada a la morfina o a otros fármacos, algunos de sus efectos secundarios pueden forzar a la interrupción del tratamiento, o al menos, a un cambio en el modo de administrarlo.
- Vía intravenosa. Los pacientes jóvenes con dolores experimentados en un plazo inferior a los 5 años son quienes más beneficiados se ven de la administración de ketamina por vía intravenosa.
- Vía subaracnoidea. Es la más frecuente para pacientes oncológicos terminales.
Aunque no es habitual que se produzcan situaciones de abstinencia, es aconsejable ir disminuyendo el tratamiento de manera progresiva.
Consumo recreativo de la ketamina
Con unas sensaciones que van desde la calma y la evasión hasta la excitación, pasando por la desinhibición, las alucinaciones o incluso los cambios en la percepción del tiempo, no es de extrañar que la ketamina empezara a utilizarse de forma recreativa. No obstante, su uso, no digamos ya su abuso, entraña no pocos riesgos.
Peligros de su consumo
Los efectos de la ketamina, como de cualquier otro medicamento, dependerán de las características de la persona que lo consuma, así como del modo en que se haga. Estos son los principales:
- Riesgo de caídas y accidentes. Dado que estamos hablando de un anestésico, sus efectos más habituales serán los de pérdidas tanto de equilibrio como de reflejos. A estos se suma en ocasiones una sensación de mareo, sudores y dolor de cabeza.
- Pérdida de concentración/amnesia. Tal como indicábamos, los efectos dependerán de factores como la edad o la constitución de la persona. Por tanto, pueden ir desde una disminución de la facultad de atender hasta, en casos más graves, la amnesia temporal.
- Dependencia. Un uso frecuente puede generar una tolerancia que provoque un aumento de las dosis, lo que desemboca con frecuencia en una dependencia.
- Trastornos físicos y psicológicos. Entre los primeros están dolores abdominales y problemas oculares. Entre los segundos encontramos ansiedad, insomnio e incluso psicosis.
- Problemas en el sistema urinario. Su uso prolongado puede afectar a la vejiga hasta el punto de destruirla.
- Estado catatónico. De efectos similares al LSD, las experiencias psicodélicas que genera pueden conducir a situaciones de peligro. En una alucinación, puede incluso provocar que quien las experimenta se quiera quitar la vida.

Regulación del consumo de ketamina
Todo esto ha urgido la necesidad de regular la fabricación, consumo y distribución de la ketamina en España. Sobre todo desde que el Tribunal Supremo declaró que se trata de una sustancia que causa graves daños a la salud por sus efectos alucinógenos.
El consumo indebido y el tráfico ilegal de la sustancia no ha hecho más que incrementarse en los últimos años en nuestro país. Y no solo eso, sino que además, y junto con otras drogas como la escopolamina o burundanga, permiten en cierto grado anular la voluntad de quien las ingiere. Esto las convierte en una herramienta para los agresores sexuales, pues pueden de este modo incapacitar a sus víctimas. En consecuencia, podemos encontrar ya a la ketamina en el Real Decreto que recoge las sustancias psicotrópicas.
La ketamina: un medicamento de doble filo
Como todo medicamento, además de sus beneficios, la ketamina presenta efectos secundarios adversos, y estos deben ser tenidos en cuenta a la hora de prescribirla, contra poniéndolos a los positivos. Por tanto, esta labor corresponde única y exclusivamente a los profesionales sanitarios.
Como siempre incidimos desde el blog de Instituto Castelao, legalidad no es sinónimo de inocuidad, y el hecho de que una sustancias como la ketamina, pueda ser prescrita bajo determinadas circunstancias, esto no significa que esté ausente de riesgos. La trágica muerte de Mathew Perry subraya este hecho, y pone de manifiesto la necesidad de velar especialmente por la salud de quienes se encuentran en situaciones tan delicadas como una depresión crónica. Por todo esto no abandonamos nuestra labor de informar sobre aquellas sustancias que pueden mejorar nuestra vida, sin por ello olvidar los riesgos que entraña su consumo. Conocer es la clave para prevenir, y prevenir es el mejor modo de proteger nuestra salud y bienestar a largo plazo.
Referencias consultadas
- Kung, J. et al., (2020). Ketamina (ketamine): revisión de un medicamento establecido pero a menudo poco reconocido. Recuperado de https://bit.ly/3SiFeNm
- Royo-Isach, J. et al., (2004). La «keta» (ketamina): del fármaco a la droga de abuso. Clínica biopsicosocial del consumidor y algunas propuestas terapéuticas. Recuperado de https://bit.ly/3NS1gnJ
- Plan Nacional sobre Drogas (s/f). Ketamina. Recuperado de https://bit.ly/3vBdyKV
- Neira Reina, F. et al., (2016). La ketamina en el tratamiento del dolor crónico según medicina basada en la evidencia. Recuperado de https://bit.ly/47TLf85
- ABC (2023). La ketamina confirma sus milagrosas propiedades para tratar la depresión. Recuperado de https://bit.ly/3TWR0OS
