Efectos tóxicos de la escopolamina: Cómo actúa en el cerebro y la conducta

La escopolamina, conocida popularmente como burundanga, es una sustancia que genera una gran inquietud social debido a los efectos que puede provocar sobre la conciencia, la memoria y la conducta. Su nombre aparece con frecuencia asociado a situaciones de abuso, robos o agresiones, pero más allá del impacto mediático, comprender cómo actúa realmente esta sustancia resulta clave para evitar mitos, juicios erróneos y culpabilización de las víctimas. Desde Instituto Castelao, hoy abordaremos la situación desde una perspectiva clínica y psicológica.

La palabra escopolamina proviene de Scopolia carniolica, una planta solanácea descubierta por el naturalista J. A. Scopoli. La escopolamina, conocida también como burundanga, es un alcaloide natural que se obtiene de distintas plantas de la familia de las solanáceas, entre ellas el borrachero o cacao sabanero, cuyo nombre científico es Datura stramonium.

Estas plantas suelen presentarse como arbustos de entre tres y seis metros de altura, con hojas elípticas cubiertas de vellosidades y flores grandes, de hasta veinte centímetros, en forma de trompeta y generalmente de color blanco. Aunque su apariencia puede resultar llamativa, contienen sustancias con un potente efecto sobre el sistema nervioso central.

Históricamente, la escopolamina ha tenido usos médicos controlados, principalmente como antiemético, sedante o analgésico en determinados contextos clínicos. Sin embargo, fuera de estos entornos y sin supervisión médica, su consumo supone un riesgo elevado, especialmente cuando se utiliza con fines delictivos debido a su capacidad para alterar la conciencia y la memoria.

¿Cómo actúa la escopolamina en el organismo?

Una vez absorbida, la escopolamina se distribuye rápidamente por el organismo y actúa de forma directa sobre el sistema nervioso central. Se absorbe con facilidad a través del tracto digestivo y alcanza el cerebro gracias a su capacidad para atravesar la barrera hematoencefálica, una estructura que normalmente protege al cerebro de sustancias potencialmente dañinas.

Desde el punto de vista metabólico, la escopolamina se transforma en el hígado mediante hidrólisis enzimática en ácido trópico y escopina. Aproximadamente un 10 % de la sustancia se excreta sin metabolizar a través del riñón, mientras que el resto se elimina principalmente por la orina durante las primeras doce horas tras la intoxicación. También pueden aparecer trazas en el sudor y en la leche materna, y se ha comprobado que atraviesa la barrera placentaria, actuando sobre el feto en el caso de mujeres embarazadas.

Esta rápida eliminación supone una dificultad añadida para su detección en análisis toxicológicos, ya que la sustancia desaparece del organismo en un corto periodo de tiempo, lo que puede retrasar o complicar el diagnóstico.

efectos tóxicos de la escopolamina

Efectos tóxicos de la escopolamina

Cuando la burundanga se absorbe, provoca un estado de somnolencia profunda y una marcada disminución de la capacidad de respuesta. La escopolamina actúa directamente en el cerebro bloqueando determinados neurotransmisores, especialmente los relacionados con las funciones colinérgicas, lo que altera de forma significativa los procesos cognitivos y conductuales.

Las personas intoxicadas suelen experimentar un estado de pasividad extrema, acompañado de una reducción notable de la iniciativa y la capacidad crítica. Esta combinación convierte a la víctima en una persona especialmente vulnerable, fácilmente manipulable y con una gran dificultad para oponerse o cuestionar las órdenes que recibe.

Entre los efectos más frecuentes se encuentran la confusión, la desorientación, el dolor de cabeza y la visión borrosa. También pueden aparecer alteraciones del ritmo cardíaco, agitación motora, delirios y alucinaciones tanto visuales como auditivas. En los casos más graves, se desarrolla el denominado síndrome central anticolinérgico, un cuadro clínico que afecta de forma global al funcionamiento cerebral.

Uno de los rasgos más característicos del consumo de burundanga es la amnesia lacunar, es decir, la pérdida parcial o total de memoria respecto a los hechos ocurridos durante el periodo de intoxicación. Esta alteración de la memoria facilita su uso con fines delictivos, ya que la persona afectada no puede reconstruir con claridad lo sucedido.

Alteraciones del aprendizaje y del funcionamiento cognitivo

Diversas investigaciones han señalado que, tras el consumo de escopolamina, pueden aparecer dificultades en el aprendizaje y en determinadas funciones cognitivas. Estas alteraciones afectan especialmente a la adquisición de nueva información, la capacidad para retener dígitos, la repetición de listas de objetos comunes y la resolución de problemas.

También se ha descrito un debilitamiento cognoscitivo general que puede manifestarse como lentitud mental, dificultad para concentrarse o sensación de “mente nublada”. Estas afecciones parecen derivar del efecto sedativo de la escopolamina y de su acción directa sobre los sistemas cerebrales implicados en la memoria y la atención.

Los síntomas suelen aparecer entre una y cuatro horas después de la intoxicación, lo que dificulta en muchos casos identificar de inmediato la causa del malestar, especialmente cuando la persona no es consciente de haber ingerido la sustancia.

Funciones neuroconductuales afectadas

La evaluación neuropsicológica de personas intoxicadas por escopolamina muestra que las funciones neuroconductuales más afectadas son el aprendizaje de listas de palabras, la memoria semántica, episódica y espacial, así como la memoria a corto plazo y la memoria de reconocimiento. También se observa una alteración en el registro y la recuperación de la información, especialmente en la recuperación léxica.

Además, se ve comprometida la velocidad de procesamiento de la información, el lenguaje y los tiempos de reacción. Estas alteraciones se explican porque la escopolamina bloquea las funciones colinérgicas en estructuras cerebrales clave como el sistema límbico, encargado de regular la memoria, las emociones y la conducta.

Uno de los aspectos más llamativos de estos efectos es que, durante los episodios de amnesia, la persona mantiene su identidad personal y puede llevar a cabo actividades cotidianas de forma aparentemente normal. Tanto en la intoxicación por escopolamina como en la amnesia global transitoria se observa un déficit en la memoria de eventos recientes, conocido como amnesia anterógrada.

Cambios en la conducta y en la respuesta emocional

Uno de los aspectos más inquietantes de la intoxicación por escopolamina es la alteración profunda de la conducta. La persona afectada puede mostrarse aparentemente tranquila, colaboradora y consciente, pero su capacidad para evaluar riesgos, tomar decisiones y protegerse queda seriamente comprometida.

Esta conducta de sumisión y automatismo no responde a una voluntad consciente, sino a la acción directa de la sustancia sobre las estructuras cerebrales implicadas en la regulación emocional y defensiva. La escopolamina interfiere en los circuitos que permiten reaccionar ante estímulos amenazantes, lo que explica por qué la víctima no huye, no se opone o no pide ayuda incluso en situaciones objetivamente peligrosas.

Durante la intoxicación, la persona puede ejecutar órdenes de forma mecánica, ofrecer pertenencias personales o acompañar a un desconocido sin mostrar resistencia. Este estado no implica consentimiento, sino una alteración neuroconductual que limita gravemente la capacidad de juicio y de autoprotección.

Consecuencias psicológicas tras una intoxicación por escopolamina

Más allá de los efectos inmediatos, la intoxicación por burundanga puede dejar una huella psicológica significativa. Tras recuperar la conciencia plena, muchas personas experimentan una intensa confusión, acompañada de sentimientos de incredulidad, vergüenza o culpa por lo ocurrido. No recordar con claridad los hechos suele generar una gran angustia, ya que la mente intenta reconstruir un episodio del que solo existen fragmentos.

Es frecuente que aparezcan síntomas de ansiedad, miedo persistente o hipervigilancia, especialmente en contextos sociales similares a los del episodio vivido. La persona puede sentirse vulnerable, desconfiada o insegura, alterando su percepción de control y de seguridad personal.

En algunos casos, la experiencia puede vivirse como un evento traumático, especialmente cuando la intoxicación se asocia a una agresión, un abuso o una situación de alto impacto emocional. Minimizar estos efectos o centrar el relato únicamente en la sustancia puede invisibilizar el sufrimiento psicológico posterior, que en muchos casos requiere acompañamiento terapéutico.

Caso real de intoxicación con burundanga

Una mujer de unos 55 años asistió a una fiesta con algunos amigos. Durante el evento conoció a un hombre amable con quien bailó y mantuvo una conversación animada. Tras finalizar la fiesta, ella lo invitó a su apartamento. Según su testimonio, recuerda el momento en que llegaron al domicilio y comenzaron a hablar mientras preparaba alguna bebida. El siguiente recuerdo aparece ya al día siguiente, cuando despertó encontrándose completamente sola.

El hombre había desaparecido, al igual que el dinero y las joyas de la vivienda. Posteriormente, la familia comenzó a observar cambios significativos en su actitud y comportamiento. La mujer, anteriormente activa, entusiasta e inquieta, se mostraba ahora más pasiva, retraída y aislada.

Este caso ilustra no solo la pérdida de memoria asociada a la intoxicación por escopolamina, sino también el impacto posterior en la conducta y el estado emocional de la víctima. Los cambios observados reflejan cómo este tipo de experiencias pueden afectar de forma prolongada al bienestar psicológico, incluso cuando los efectos físicos inmediatos han desaparecido. A pesar de los avances en la investigación, todavía queda mucho por comprender sobre las consecuencias a medio y largo plazo de este tipo de intoxicaciones.

La llamada “nueva burundanga”: mezclas y riesgos añadidos

A partir de la década de los años ochenta comenzó a utilizarse escopolamina en forma más purificada, combinada con otras sustancias como benzodiacepinas y fenotiacinas, fármacos con efectos tranquilizantes. Esta mezcla, conocida popularmente como “nueva burundanga”, tiene como objetivo reducir la agitación psicomotora y potenciar el estado de sumisión.

La combinación de estas sustancias incrementa el riesgo de alteraciones profundas de la conciencia, prolonga los efectos sedantes y dificulta aún más la capacidad de reacción de la víctima. Desde el punto de vista clínico, estas mezclas aumentan la complejidad del cuadro y pueden intensificar tanto los efectos cognitivos como las consecuencias emocionales posteriores.

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¿Cómo actúa una persona intoxicada?

La intoxicación por burundanga se manifiesta principalmente a través de una pérdida de memoria y una marcada sumisión conductual. La persona intoxicada suele seguir cualquier indicación sin oponer resistencia, llegando incluso a facilitar voluntariamente sus pertenencias.

Esta conducta se explica por la acción de la escopolamina sobre las estructuras cerebrales relacionadas con la emoción y la defensa. Al quedar alterados estos sistemas, la capacidad de responder ante amenazas se ve anulada. Los testimonios de personas intoxicadas hacen referencia a un estado de pasividad o automatismo, en el que las órdenes se reciben y ejecutan sin oposición consciente.

Como consecuencia, la víctima se encuentra incapacitada para reaccionar ante situaciones de atraco, asalto o estímulos aversivos, no por falta de voluntad, sino por una alteración directa del funcionamiento cerebral.

¿Qué hacer ante una posible intoxicación?

Ante la sospecha de una intoxicación por escopolamina, es fundamental buscar atención médica inmediata, incluso si los síntomas parecen leves o confusos. La evaluación clínica temprana puede ayudar a descartar complicaciones y a registrar el episodio de forma adecuada.

Igualmente importante es prestar atención a las consecuencias emocionales posteriores. Validar la experiencia vivida, evitar el juicio y ofrecer apoyo psicológico puede marcar una diferencia significativa en el proceso de recuperación. La persona afectada no ha fallado ni ha sido imprudente; ha sufrido una alteración neuropsicológica que limita gravemente su capacidad de decisión.

La escopolamina más allá de la intoxicación

Hablar de los efectos tóxicos de la escopolamina no es sólo describir una sustancia, sino comprender cómo una alteración química puede afectar profundamente a la memoria, la conducta y la vivencia emocional de una persona. Entender estos mecanismos permite desmontar mitos, reducir la culpabilización de las víctimas y ofrecer un acompañamiento más respetuoso y eficaz.

Desde Instituto Castelao, este tipo de situaciones se abordan desde una mirada clínica y humana, poniendo el foco no solo en el episodio vivido, sino en las consecuencias psicológicas posteriores y en la necesidad de acompañar a la persona en su proceso de comprensión y recuperación. Comprender para poder acompañar mejor es, en muchos casos, el primer paso para reconstruir la sensación de seguridad y control tras una experiencia de este tipo.

Referencias bibliográficas

Bernal, A., Gómez, D., López, S., Acosta, M. (2013). Implicaciones neuropsicológicas, neurológicas y psiquiátricas en un caso de intoxicación por escopolamina. Psicología, avances de la disciplina, 7(1), pp. 105-118.

Ardila, A., Moreno, C., y Gómez, S.E. (2006). Intoxicación por escopolamina (burundanga): pérdida de la capacidad de tomar decisiones. Revista Neurología, 42(2). Recuperado de: https://bit.ly/3YYK1WK

Milena Camelo, S., y Ardila, A. (2013). Efectos de la escopolamina a corto y largo plazo en la memoria y las habilidades conceptuales. Revista Diversitas. Perspectivas en psicología. Recuperado de: https://bit.ly/4qisIMI

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