Desde Instituto Castelao incidimos siempre en la importancia de no generalizar ni muchos menos emitir juicios de valor en todo lo que respecta a las personas con problemas de adicciones, pero lo cierto es que la población reclusa en España es un colectivo que presenta unas notables tasas de problemas de drogodependencias. Y es que este tema guarda una relación muy íntima con lo que hablábamos en el post anterior sobre la relación entre perspecticidio, adicción y relaciones tóxicas. Las relaciones personales son a menudo no solo importantes, sino incluso determinantes para muchas personas con adicciones, como lo son para muchos reclusos. Veamos, por tanto, qué conclusiones podemos extraer sobre cómo afectan las adicciones a la población reclusa y cómo se afronta la recuperación desde una privación de libertad.
Contenidos
- 1 Radiografía de la población reclusa en España
- 2 Dificultades añadidas al tratamiento de adicciones en las cárceles
- 3 Integrar el enfoque para abordar la problemática
- 4 La dura tarea de la rehabilitación en las cárceles
- 5 La cárcel interior y la exterior de un adicto en prisión
- 6 Referencias consultadas
Radiografía de la población reclusa en España
El análisis de la población penitenciaria en España con problemas de drogodependencia arroja unos resultados que reflejan varios aspectos críticos.
Si tuviéramos que trazar un perfil del recluso con una adicción estaríamos hablando de un varón de unos 34 años, de nacionalidad española, con baja formación académica y profesional. Tendría antecedentes penales, la mayoría de ellos cometidos por delitos contra la propiedad o contra la salud pública, y se encontraría bajo un régimen de 2º grado. Habría pasado por varios centros penitenciarios, y lo más probable es que tuviera una condena de más de tres años.

En qué consiste el 2º grado
Es este un régimen ordinario que implica una serie de normas y actividades:
- Organización del tiempo y la vida dentro de la prisión. Esto incluye horarios para comer, realizar actividades laborales y educativas, e incluso para disfrutar de los tiempos de ocio.
- Control y seguridad. Hay un nivel de control y seguridad más laxo que en el régimen de aislamiento (1er grado). Los internos pueden participar en actividades grupales y tienen acceso a ciertas áreas comunes.
- Actividades de reinserción. Los reclusos tienen la oportunidad de participar en actividades de reinserción, tales como formación profesional, educación y terapia. Estas actividades están diseñadas para ayudar en su futura reintegración en la sociedad. Incluyen cursos de formación ocupacional y talleres, si bien pocos gozan de trabajos remunerados.
- Permisos de salida. Los reclusos pertenecientes a un régimen de 2º grado pueden solicitar permisos de salida por causas familiares o bien por razones de reinserción social. Dichos permisos deben estar debidamente justificados y se conceden tras una valoración individual y bajo criterios estrictos.
- Posibilidad de progresión a 3er grado. Los internos en 2º grado pueden acabar disfrutando de un régimen abierto. De esto depende su comportamiento, participación en actividades de reinserción y el cumplimiento de otros criterios establecidos, sobre todo el de no haber consumido drogas en el último año.
Dificultades añadidas al tratamiento de adicciones en las cárceles
Como bien sabemos desde Instituto Castelao, la rehabilitación de una adicción es un desafío para quien la padece. Pero la vida en prisión añade diversas dificultades a este camino hacia la recuperación.
- Impacto psicológico y social. Las drogas en prisión a menudo se utilizan para manejar el estrés y la angustia de la vida recluidos. Incluso personas sin antecedentes de adicción pueden comenzar a consumir drogas en la cárcel.
- Marco jurídico represivo. Numerosos países imponen sanciones especialmente severas no solo por el tráfico, sino también por el consumo de drogas. Esto incluye en ocasiones elevadas penas de prisión y multas. Otros, por el contrario, tienen enfoques más permisivos o se limitan a realizar una reducción de daños.
- Escasez de recursos. Hay en ocasiones una falta de recursos para proporcionar apoyo psicológico y social adecuado a los reclusos con adicciones. No obstante, incluso cuando los hay, existen obstáculos legales y éticos para implementar programas de reducción de riesgos en las prisiones. Las políticas, por tanto, pueden asimismo variar ampliamente entre países.
- Problemas de salud. Las prisiones presentan un riesgo elevado de infecciones de transmisión sanguínea o sexual debido a prácticas como compartir jeringas o practicar sexo sin protección. Además, un porcentaje considerable sufre trastornos psicopatológicos, principalmente patologías severas y trastornos depresivos, para los cuales deben ser también tratados. Aproximadamente la mitad de la población padece enfermedades asociadas al consumo de drogas, como hepatitis y VIH, y la atención sanitaria recibida no está bien valorada por los prisioneros.
- Continuidad del tratamiento. La continuidad en el tratamiento de adicciones después de la liberación es crítica, pero a menudo no se logra, lo que aumenta el riesgo de recaída y sobredosis.

Integrar el enfoque para abordar la problemática
Abordar la problemática de las drogodependencias entre la población reclusa requiere un enfoque holístico e integrado, dotado de estrategias multidisciplinarias que no busquen tratar únicamente el abuso de sustancias en sí, sino también los factores subyacentes y las consecuencias relacionadas que han llevado a esas personas a consumir. No es, por tanto, muy diferente del abordaje que se realiza con las personas adictas en libertad. Y es que la drogodependencia es un problema complejo y multifacético que requiere una respuesta coordinada y comprensiva. Aquí hay algunos componentes clave de estos enfoques:
- Enfoque familiar. Reconoce la importancia del apoyo familiar en el proceso de rehabilitación. Mantener y fortalecer los vínculos familiares puede ser crucial para el bienestar emocional y la estabilidad del recluso.
- Educación. Resalta la necesidad de programas educativos que ofrezcan a los reclusos habilidades y conocimientos que les ayuden en su reintegración en la sociedad.
- Incorporación laboral. Destaca la importancia de la formación profesional y las oportunidades laborales como medios para reducir la reincidencia y facilitar la reinserción social.
- Tratamiento de enfermedades asociadas. Subraya la necesidad de abordar las condiciones de salud, tanto físicas como mentales, que a menudo acompañan a las drogodependencias.
- Medidas alternativas a la prisión. Propone explorar opciones diferentes al encarcelamiento, como programas de tratamiento y rehabilitación en la comunidad, que pueden ser más efectivos para ciertos individuos.
- Mantener vínculos con el entorno social. Enfatiza la importancia de mantener y fortalecer los lazos sociales del recluso, lo que puede proporcionar un soporte vital durante y después de su período en prisión.

La dura tarea de la rehabilitación en las cárceles
El tratamiento de las drogodependencias en el ámbito penitenciario es un aspecto crucial para abordar tanto el problema de la adicción como el de la reincidencia delictiva. En el Centro Penitenciario de Fontcalent, se implementó en 1999 un programa de enfoque integral que combinaba recursos tanto internos como externos del centro para mejorar la calidad de vida de los reclusos y prepararlos para su liberación.
El Grupo de Atención al Drogodependiente (GAD) se encargó de coordinar estos recursos, dirigidos no solo a la búsqueda de la rehabilitación de los reclusos, sino también su integración social y laboral tras la liberación. La iniciativa se dirigía a tratar el deterioro biopsicosocial asociado con el abuso de drogas, además de enfocarse en prevenir la marginación y exclusión social.
Una de las metas principales del programa era frenar la escalada delictiva y el consumo de drogas, ofreciendo una oportunidad valiosa para individuos que normalmente no buscarían tratamiento.
Se considera que la prisión puede ser el primer período prolongado de abstinencia para muchos delincuentes, lo que constituye una base para el desarrollo de habilidades y capacidades para alejarse del consumo de drogas.
El programa incluía técnicas de información y asesoramiento, intervenciones individuales y grupales, además de enfoques educativos. Se trabajaba activamente con los reclusos para desarrollar habilidades que les permitieran afrontar situaciones de riesgo y promover su desarrollo personal. Además se buscaba reducir los patrones de uso lesivo de drogas e incrementar la motivación para abandonar el consumo.
Los datos recogidos entre junio y diciembre de 1998 mostraron resultados positivos, con un número significativo de reclusos que mejoraron su calidad de vida y redujeron o interrumpieron el consumo de drogas. Estos fueron algunos de los datos extraídos:
- Se produjeron 48 altas en el programa.
- Solo fue registrada 1 baja voluntaria.
- 8 reclusos fueron dados de baja al obtener la libertad.
- Hubo 2 reingresos en el programa.
- Se realizaron 267 entrevistas individuales.
- Se llevaron a cabo 17 sesiones grupales y 8 sesiones de información y asesoramiento.
- 28 usuarios participaron en un programa de metadona, 3 en un programa de naltrexona, y 17 en un programa libre de drogas.
- 2 usuarios lograron integrarse laboralmente.
- 6 usuarios continuaron en el programa de metadona en recursos comunitarios tras su liberación.

La cárcel interior y la exterior de un adicto en prisión
Encontramos que el consumo de sustancias psicoactivas es alto entre la población reclusa, con un predominio de tabaco, cannabis y cocaína. Aunque muchos de ellos están en tratamiento farmacológico, principalmente con metadona, por lo general comparten críticas sobre la falta de apoyo psicológico y la ausencia de terapias no farmacológicas que complementen el tratamiento de rehabilitación.
La vida de un adicto en prisión es una lucha constante en dos frentes: la cárcel física de las paredes y barrotes, y la cárcel interior de la adicción. Esta doble prisión plantea un desafío desgarrador, donde el camino hacia la rehabilitación es tanto un escape de la dependencia como un proceso de reinserción social. El recluso drogodependiente enfrenta no solo las restricciones de su encierro físico, sino también las cadenas invisibles de su adicción, que a menudo se entrelazan con traumas personales, falta de apoyo y un pasado marcado por decisiones erráticas.
En este escenario, el anhelo de libertad trasciende las paredes de la prisión. Se convierte en una búsqueda profunda de liberación interna, de romper las cadenas de la dependencia y redescubrir el sentido de la propia vida. La rehabilitación, entonces, es más que un tratamiento; es un renacimiento, un proceso lleno de desafíos, pero también de esperanza. Cada paso hacia la recuperación es un acto de coraje, una declaración de la posibilidad de un nuevo comienzo, más allá de las barreras físicas y emocionales que una vez parecieron insuperables.
Referencias consultadas
- UNAD (2008). Drogodependencias y prisión: situación de las cárceles españolas. Recuperado de https://bit.ly/3QL2SjM
- Markez, I. et al. (2022). Género y adicciones en el medio penitenciario. Recuperado de https://bit.ly/3SStDFx
- RTVE (2020). La adicción entre rejas: así entra la droga en las cárceles españolas. Recuperado de https://bit.ly/3G6XUZD
- Pla García, S. y Sabroso Cetina, A. (1999). Tratamiento de las drogodependencias en el ámbito penitenciario. Recuperado de https://bit.ly/46CYedH
- Prison Insider (2023). Vivir con una adicción en prisión. Recuperado de https://bit.ly/3SUxvGh
