
En conmemoración del Día Internacional de Concienciación sobre la Autolesión, que se celebró hace algunos días, en Instituto Castelao consideramos crucial abordar un tema que afecta a un número significativo de adolescentes a nivel mundial. Las autolesiones en la adolescencia reflejan una complejidad emocional y psicológica que merece toda la atención, la comprensión y una respuesta por nuestra parte. Aunque pueda parecer un tema alejado de los que tratamos en nuestros posts, lo cierto es que las autolesiones pueden ser manifestaciones de problemas mal gestionados, del mismo modo que el consumo de drogas y la posterior adicción puede serlo. Además, y tal como hablábamos en el post anterior, en el que tratamos la cuestión de qué es el edadismo, se trata de una cuestión tan compleja como a menudo ignorada. Sin embargo las autolesiones no son un problema aislado. Por el contrario, se trata de un asunto de sanidad pública que debe ser tenido en cuenta por los profesionales que se ocupan de la salud mental. También en el marco de las adicciones.
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Qué son las autolesiones
Las autolesiones son también conocidas como ALNS (autolesiones no suicidas) o NSSI (por sus siglas en inglés, non-suicidal self-injury). Se refieren a comportamientos repetitivos en los cuales una persona se autoinflige un daño físico directo al propio cuerpo sin la intención de suicidarse. Dicha conducta puede darse también en personas con problemas de adicción, y es crucial entender que las autolesiones son una forma de afrontamiento. Esto es, que en ocasiones se utiliza para lidiar con un dolor emocional o un malestar interior.
Tipos de autolesiones
Aunque la clasificación de las autolesiones puede hacerse en base a diversos criterios, vamos a centrarnos en dos: métodos y motivaciones.
Métodos
Los diversos tipos de autolesiones pueden variar en su forma y gravedad. Algunos de los tipos más comunes incluyen:
- Cortes. Esta es una forma común de autolesión en la que la persona utiliza objetos afilados, como cuchillas, navajas o tijeras, para cortar la piel, generalmente en áreas del cuerpo que son fáciles de ocultar, como los brazos, las piernas o el abdomen.
- Quemaduras. Las personas pueden infligirse quemaduras utilizando cigarrillos, cerillas, encendedores u otros objetos calientes para quemar su piel.
- Golpes. Algunas personas pueden golpearse a sí mismas con puños o golpear objetos duros para causar dolor y lesiones en su cuerpo.
- Rasguños. El acto de rascarse la piel con las uñas u otros objetos afilados puede llegar a ser tan intenso y repetitivo que llegue a causar lesiones cutáneas y dolor.
- Mordeduras. Morderse a sí mismo hasta causar lesiones en la piel es otra forma de autolesión que ciertas personas realizan.
- Pellizcos. Los pellizcos fuertes pueden causar moretones y hematomas en la piel, y algunas personas los utilizan como modo de autolesión.

Motivaciones
Aunque las causas que pueden llevar a los adolescentes a autolesionarse son diversas, existen algunas que se producen con más frecuencia:
- Estrés emocional y ansiedad. Cuando una persona, o en este caso un adolescente, no dispone de las herramientas adecuadas para gestionar situaciones estresantes, para afrontarlas puede cometer actos como autolesionarse.
- Dificultades en la regulación de emociones. De modo similar, la dificultad o incapacidad para procesar y expresar emociones de manera saludable puede encontrar una vía de expresión en las autolesiones.
- Experiencias traumáticas. Existen diversos eventos traumáticos que pueden desestabilizar el equilibrio emocional de una persona, afectando a su bienestar. Estos pueden pasar por un historial de abusos, por una negligencia o por traumas similares.
- Problemas de autoestima. Reforzar la autoestima en las personas, y particularmente en los adolescentes, puede ser fundamental para prevenir que tengan lugar episodios de autolesiones. Y es que los sentimientos de inadaptación, de rechazo o las críticas internas severas y reiteradas amenazan con traducirse en actos de autolesión.
- Conflictos interpersonales o familiares. Los problemas no resueltos en las relaciones con amigos, con familiares o con la pareja pueden generar una angustia emocional tal que parezca que el único modo de afrontarlo sea a través de las autolesiones.
Factores de riesgo
Cada uno de los siguientes factores incrementa la vulnerabilidad hacia las autolesiones, y subrayan la complejidad del problema y la importancia de un enfoque de apoyo multifacético, y todos requieren enfoques terapéuticos específicos para abordar las raíces emocionales y conductuales.
- Patologías psiquiátricas. El riesgo es mayor entre quienes tienen diagnósticos de salud mental. De hecho, hay estudios que sugieren que hasta la mitad de las autolesiones tienen relación con trastornos mentales. Se producen en personas con autismo, esquizofrenia, demencia o discapacidades intelectuales, en cuyos casos las autolesiones son derivadas de dichas patologías.
- Depresión y trastorno de conducta. Altamente asociados con autolesiones, la depresión y el trastorno de conducta a menudo coexisten, exacerbando el riesgo de que se produzcan autolesiones. La depresión profundiza la desesperanza y disminuye la autoestima, mientras que el trastorno de conducta puede manifestarse en comportamientos impulsivos y autodestructivos.
- Ansiedad. Relacionada con un aumento en la incidencia de autolesiones, la ansiedad puede impulsar a la autolesión como un mecanismo de alivio frente a la intensa tensión interna y el pánico, buscando una forma de control o escape temporal de los sentimientos abrumadores.
- Condiciones sociofamiliares. Estadísticamente, el riesgo se eleva en niños adoptados, en aquellos que viven con un solo progenitor o en hogares con más de cinco hermanos.
- Adolescentes. Mientras que la incidencia entre los adultos ronda el 6%, entre los adolescentes se incrementa hasta alcanzar cotas de entre el 15 y el 20%.

Cómo identificar y prevenir las autolesiones en adolescentes
Como en el caso del consumo de drogas, es importante prestar atención al comportamiento de nuestros seres queridos, particularmente si se encuentran en etapas tan delicadas como es la adolescencia. Una comunicación abierta y empática es clave para prevenir, pero también lo es para detectar de una manera temprana una posible aparición de episodios de autolesión.
Las señales pueden ser claras cuando estamos ante la presencia de signos físicos como cortes, quemaduras o moretones frecuentes para los cuales no existe una explicación posible. También si se producen cambios en la manera de vestir, como el uso de ropas que cubren todo el cuerpo, incluso en épocas de calor. Las señales pueden ser más ambiguas si estamos ante cambios de comportamiento, señales emocionales de angustia, retiro social o fluctuaciones en el estado de ánimo. Es entonces cuando debemos reforzar la comunicación y si esto no fuera efectivo, mantener una observación más cercana.
En estos casos no debemos juzgar ni mucho menos amonestar, sino tratar de entender al otro desde una postura lo más tolerante posible. Y es que ponernos en su piel no solo ayuda a que los demás se sientan más seguros y comprendidos, sino a también a conocernos mejor a nosotros mismos.
Las autolesiones en cifras
La falta de estudios específicos sobre las autolesiones impide extraer conclusiones claras. La mayoría de registros se han tomado de los servicios de urgencias, lo cual no es representativo al tratarse de heridas en su mayoría de escasa gravedad que pueden tratarse de manera doméstica o en servicios de atención primaria.
Tomando los datos escasos de que se disponen, estos sugieren que la incidencia de autolesiones en adolescentes ha aumentado desde los años 60, estabilizándose en los 80 y volviendo a aumentar a partir de los 90. Los estudios indican que hasta 1 de cada 130 adolescentes podría autolesionarse, con un aumento de incidencia por edad y especialmente en las mujeres. Además, se observa una mayor prevalencia en individuos con trastornos emocionales y conductuales, especialmente entre quienes padecen depresión, trastorno de conducta, y ansiedad.
Las autolesiones varían por también por género. Los cortes son más comunes entre las mujeres, y las quemaduras entre los hombres.

La importancia de las técnicas de afrontamiento
Las estrategias de afrontamiento son técnicas y métodos que las personas utilizan para manejar el estrés, los desafíos o el dolor emocional. Incluyen métodos tanto adaptativos como no adaptativos. Las estrategias adaptativas fomentan el bienestar y la resiliencia. Incluyen la resolución de problemas, el apoyo social, el autocuidado y la reestructuración cognitiva. Por otro lado, las estrategias no adaptativas pueden agravar el problema a largo plazo, y dentro de ellas nos encontramos la evitación, la negación o comportamientos dañinos como el consumo de sustancias o las autolesiones.
Para manejar las emociones de manera más efectiva, dentro de las estrategias adaptativas, las personas pueden aprender técnicas de mindfulness y meditación, las cuales ayudan a centrarse en el presente y fomentan la reducción del estrés. La terapia cognitivo-conductual, por su parte, es útil para identificar y cambiar patrones de pensamiento negativos que contribuyen al deseo de autolesionarse. Pero no solo eso, sino que las actividades físicas, como la práctica de cualquier deporte, desde el yoga hasta el fitness, pasando por la natación o pilates, promueven el bienestar físico y mental, lo cual ofrece una salida saludable para el estrés.
Uniendo todos estos elementos, el fortalecimiento de la comunicación y de las relaciones personales, ayuda a crear una red en la cual apoyarse en momentos de incertidumbre, mientras que desarrollar hobbies o intereses proporciona un enfoque positivo y distracciones constructivas.
Comprendiendo las autolesiones para ayudar a sanar
Las autolesiones a menudo constituyen un grito silencioso entre adolescentes, tanto como puede serlo el consumo de drogas. Por esta razón, y dado que el objetivo de nuestros posts es educar, desmitificar y proporcionar recursos valiosos, no podíamos dejar de compartir nuestro conocimiento con aquellos que buscan entender mejor las autolesiones en la adolescencia. Al hacerlo, aspiramos a construir un puente de empatía y apoyo que reconozca la complejidad de este comportamiento, más allá de los prejuicios asociados con la edad, y que ofrezca caminos hacia la recuperación y el bienestar.
Al enfrentar desafíos como las autolesiones, es importante recordar que el cambio y la recuperación son posibles con el apoyo adecuado. La resiliencia se cultiva a través de la búsqueda activa de soluciones y el aprendizaje de nuevas formas de manejar las dificultades. Cada individuo tiene la capacidad de reescribir su historia, encontrando fuerza en la adversidad. La esperanza radica en la comunidad, el entendimiento y la aceptación, y en la promesa de un mañana más brillante para quienes buscan salir de la oscuridad hacia la luz.
Referencias consultadas
- Fleta Zaragozano, J. (2017). Autolesiones en la adolescencia: una conducta emergente. Recuperado de: https://bit.ly/3vhPywE
- Del Brío Ibáñez, P. et al. (2019). Adolescente con autolesiones no suicidas en un entorno de adversidad psicosocial. Recuperado de: https://bit.ly/3VmeFZx
- González Suárez, L. F. (2016). Revisión de la literatura sobre el papel del afrontamiento. Recuperado de: https://bit.ly/49XWcac
