Desde hace siglos, las personas han recurrido a distintas sustancias con la intención de aliviar el dolor, modificar el estado de ánimo o buscar sensaciones nuevas. Algunas de ellas se incorporaron a la vida cotidiana y se aceptaron socialmente; otras, por sus efectos más intensos o imprevisibles, fueron prohibidas o restringidas. Hoy sabemos que todas, independientemente de su origen, su legalidad o la forma en que se consuman, pueden alterar la conciencia, el comportamiento y la percepción de la realidad. Comprender cómo se clasifican las drogas no es solo una cuestión teórica: permite reconocer sus efectos, valorar sus riesgos y prevenir el desarrollo de una adicción.
En Instituto Castelao trabajamos cada día con personas que iniciaron su consumo sin ser plenamente conscientes de las consecuencias. Por eso, entender las diferentes categorías de drogas es un primer paso hacia la prevención y el cuidado personal.
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¿cómo podemos clasificar las drogas?
Como decíamos, se pueden establecer varios tipos de clasificaciones de drogas, como por ejemplo, drogas institucionalizadas y no institucionalizadas. Otra clasificación posible es la que distingue tres grandes grupos de sustancias:
- Estupefacientes.
- Alucinógenos (naturales y de síntesis).
- Volátiles inhalables o disolventes.
Asimismo, entre las clasificaciones habituales que se hacen de las drogas está la de «drogas duras» y «drogas blandas». Ello va en función de si producen, respectivamente, dependencia física o solo hábito o dependencia psíquica, que es la más extendida. De este modo, tienen la consideración de drogas duras los opiáceos, narcóticos y barbitúricos, además del alcohol, mientras que el tabaco, el cannabis y los alucinógenos se consideran drogas blandas.
Aunque también suele estar extendida la terminología de «droga de abuso», acuñada por la OMS y entendida como aquella de uso no médico con efectos psicoactivos y susceptibles de ser autoadministrada, que provoca efectos en el sistema nervioso central. Pero debemos tener claro que las drogas, sean blandas, duras o recetadas por un profesional médico, son sustancias psicoactivas y adictivas todas ellas.
Hoy en día, la clasificación entre drogas duras y blandas es considerada orientativa y no científica, ya que el riesgo depende de muchos factores: la dosis, la frecuencia de consumo, la edad y la vulnerabilidad del usuario. Por ejemplo, el alcohol y el tabaco, drogas legales e institucionalizadas, son responsables de millones de muertes al año, mientras que otras drogas ilegales pueden tener un impacto menor si se consumen una sola vez. Por ello, los especialistas prefieren centrarse en el potencial adictivo, los efectos sobre el sistema nervioso y el daño social antes que en etiquetas simplificadas.
clasificación de las drogas
opiáceos y derivados
Pertenecen al subgrupo de los narcóticos, dentro del grupo de los estupefacientes, que eliminan el dolor y reducen la conciencia, dando origen a adicción. A continuación, te mostramos una clasificación de las drogas incluidas en el grupo de opiáceos y derivados:
El opio
Es el látex seco de la adormidera (Papaver somniferum album). El opio es menos adictivo que sus derivados. Entre los derivados del opio se encuentran los naturales (la morfina, la codeína), los sintéticos (la metadona, la meperidina, la pentazocina y la fenazocina) y los semisintéticos (la heroína). En el mercado farmacéutico se presenta como opio medicinal, opio en polvo, extracto de opio y tintura de opio.
la morfina
Es un tóxico del sistema nervioso central que posee efecto analgésico, produciendo una sedación rápida. Causa alteraciones psíquicas características, como un estado de euforia, exaltación y sensación de bienestar. Posteriormente surge un estado de malhumor y desgana general.
Su consumo habitual produce dependencia física y psíquica y una fuerte tolerancia que provoca síndrome de abstinencia, comparable al «delirium tremens» de los alcohólicos. El consumo prolongado conlleva un deterioro físico y moral, con secuelas como impotencia sexual, esterilidad y acortamiento de la vida media.

la metadona
Posee una intensa acción depresora del sistema nervioso central, sobre todo del centro respiratorio. Al igual que la morfina y la heroína, crea dependencia, aunque en menor medida, por lo que se utiliza como fármaco en la desintoxicación de la adicción a la heroína.
En el ámbito médico, la metadona se emplea en programas de sustitución supervisados, como parte de un tratamiento integral que combina apoyo psicológico y reinserción social. Su eficacia depende del acompañamiento terapéutico, no solo del control farmacológico.
la heroína
Otra droga depresora del sistema nervioso central. Es un alcaloide obtenido a partir de la síntesis de la morfina y surgió como sustituto de esta, pensándose que no creaba adicción. Sin embargo, pronto se comprobó que carece de utilidad clínica. Es un polvo cristalino fino, con un color que varía del blanco al marrón.
Sus efectos son similares a los de la morfina, aunque más intensos y rápidos. Deprimen menos los centros cerebrales y más los respiratorios.
Asimismo, sus efectos van desde una euforia y sensación placentera inicial hasta un estado posterior de apatía y malestar. Su efecto adictivo es cuatro veces superior al de la morfina, con una dependencia física y psíquica más intensa, lo que hace que el síndrome de abstinencia sea más severo.
LA COCAÍNA
Pertenece al grupo de los estimulantes y carece de propiedades narcóticas. La cocaína se obtiene de la inmersión de las hojas de la planta de la coca en carbonato sódico. Actúa como excitante de la corteza cerebral, provocando un estado de euforia activa (al contrario que la euforia pasiva de la heroína). Genera sensación de vigilia, aumento del rendimiento físico y pérdida de la fatiga, aunque no tiene aplicación terapéutica.
Si se consume en altas dosis, pueden presentarse alteraciones en la percepción y en el juicio, alucinaciones cutáneas (sensación de insectos corriendo por la piel) y un fuerte estado de irritabilidad y nerviosismo al desaparecer su efecto.
La cocaína estimula de forma artificial los centros de placer del cerebro, produciendo una descarga masiva de dopamina. Esa sensación intensa y breve impulsa al consumo repetido, lo que genera rápidamente dependencia psicológica. Además, el consumo habitual puede provocar alteraciones del ritmo cardíaco, ansiedad, insomnio y episodios depresivos.
DROGAS EMERGENTES Y NUEVOS PATRONES DE CONSUMO
En los últimos años han aparecido nuevas sustancias psicoactivas (NSP), también llamadas “drogas de diseño”. Son compuestos sintéticos que imitan los efectos de drogas conocidas, como la cocaína o el éxtasis, pero con variaciones químicas que dificultan su detección y regulación.
Estas drogas se comercializan en forma de pastillas, polvos o líquidos y son especialmente peligrosas porque se desconoce su pureza y su impacto a medio plazo. Su difusión a través de internet y redes sociales facilita su acceso, especialmente entre los jóvenes.
También se observa un aumento del policonsumo, es decir, el uso simultáneo de varias sustancias (alcohol, cannabis, psicofármacos o estimulantes), lo que incrementa los riesgos de sobredosis y efectos impredecibles.
LSD
Es la droga psicodélica por excelencia y produce alucinaciones o distorsiones de la realidad. Se presenta en forma de polvo blanco, inodoro, insípido y muy soluble en agua. Presenta efectos anticonvulsionantes, hipnóticos y antihistamínicos y altera la actividad eléctrica cortical, intensificando la percepción sensorial.
Ello provoca que los sentidos perciban con mayor fuerza los estímulos: los colores parecen más brillantes y los sonidos, más profundos. Con los ojos cerrados se pueden ver formas y torbellinos de colores. También se alteran la coordinación y la percepción del tiempo, generando la sensación de que este transcurre más despacio.
Su efecto dura entre ocho y doce horas, aunque algunos efectos pueden reaparecer días o meses después de la ingestión. Puede desencadenar brotes psicológicos graves, incluso tras un único consumo.
En personas con vulnerabilidad psicológica, el LSD puede generar cuadros de ansiedad, pánico o despersonalización. Aunque en entornos clínicos se investiga su posible uso terapéutico, su consumo recreativo continúa siendo peligroso por la falta de control sobre la dosis y la pureza de la sustancia.
PSICOFÁRMACOS
Podrían denominarse también drogas de farmacia, pues se comercializan legalmente. Se dividen en cuatro grupos: estimulantes, hipnóticos, ansiolíticos y neurolépticos. Estos dos últimos pueden agruparse bajo la categoría de tranquilizantes.
- Estimulantes: aumentan la vigilia, reducen la sensación de sueño y de cansancio. También disminuyen el apetito y aumentan la presión arterial y el ritmo cardiaco. A grandes dosis pueden provocar trastornos mentales, alucinaciones o reacciones psicóticas. Su uso repetido no genera dependencia física, pero sí psicológica.
- Hipnóticos: sustancias sintéticas que inducen el sueño y reducen la atención. A dosis altas pueden actuar como anestésicos generales. Crean tolerancia y pueden generar dependencia física y psíquica.
- Tranquilizantes: reducen la ansiedad y la tensión, produciendo un estado de calma. Son relajantes musculares y antihistamínicos. También generan dependencia si se usan sin control médico.
Los psicofármacos, a pesar de su venta lícita, pueden resultar nocivos si se consumen sin supervisión médica. Un consumo prolongado puede acarrear dependencia y síndrome de abstinencia cuando se interrumpe su uso de manera brusca.
En los últimos años ha aumentado el consumo de ansiolíticos e hipnóticos sin control médico, especialmente entre personas que buscan aliviar el estrés o el insomnio. Aunque su uso puntual puede ser beneficioso, la automedicación con estos fármacos puede generar una dependencia tan seria como la de cualquier droga ilegal.
FACTORES DE RIESGO Y DE PROTECCIÓN FRENTE AL CONSUMO
Ninguna droga actúa de forma aislada. El entorno, las emociones y la historia personal influyen en cómo una persona se relaciona con las sustancias.
- Factores de riesgo: presión social, curiosidad, baja tolerancia al estrés, antecedentes familiares de adicción o falta de apoyo emocional.
- Factores de protección: comunicación familiar, educación en valores, autoestima, habilidades sociales y entornos saludables.
La prevención comienza mucho antes del primer consumo. Educar en el manejo de emociones y frustraciones es una herramienta esencial para prevenir las adicciones.

LA ADICCIÓN, UNA ENFERMEDAD TRATABLE
Todas las drogas, sin excepción, modifican los circuitos cerebrales relacionados con el placer y el autocontrol. Con el tiempo, el consumo deja de ser una elección y se convierte en una necesidad. Por eso la adicción no debe entenderse como un fallo moral, sino como una enfermedad del cerebro y la conducta que requiere tratamiento integral.
El abordaje de la adicción combina intervención médica, apoyo psicológico y acompañamiento familiar. Con ayuda profesional, la recuperación es posible: volver a vivir sin depender de una sustancia es una realidad alcanzable.
EL COMÚN DENOMINADOR A TODA CLASIFICACIÓN DE LAS DROGAS
En suma, como se puede observar, existen diversos modos de agrupar o establecer una clasificación de las drogas según su tipología. Todo depende de los criterios que se utilicen para categorizarlas: legales o ilegales; duras o blandas; según su incidencia sobre el sistema nervioso central, etc.
Con todo, basta saber que cualquiera de estas drogas tiene el poder de generar dependencia física y/o psicológica. La mejor opción es siempre evitarlas o, en el caso de los psicofármacos, hacer un uso responsable y limitado de ellas. Porque el precio que se paga por disfrutar de sus aparentes beneficios no es otro que la libertad y el bienestar personal.
referencias consultadas
- «Evolución histórica del consumo de drogas: Concepto, clasificación e implicaciones del consumo prolongado». Mª del Carmen Molina Mansilla. Extraído de: https://bit.ly/4ooaqZc
- «¿Qué son las drogas? no destruyas tu vida«. Consejería de Sanidad, Consumo y Servicios Sociales, comunidad autónoma de la región de Murcia.
